La siguiente teoría está basada en la observación exhaustiva del ser humano durante años. Los datos se han recogido en un amplio abanico de espacios (casas particulares, cafeterías, calles, bancos, supermercados, puestos de trabajo…), afecta indistintamente a cualquier estrato social (amas de casa, ejecutivos, universitarios, abogados, inmigrantes, desempleados, pobres, pijos, raperos, quillos, hippies…) y no muestra variaciones generacionales (se da en ancianos, jóvenes, adolescentes y personas de mediana edad).

Yo misma he bautizado mi propia teoría con el nombre de Yoísmo por la relación que guardan mis observaciones con el pronombre personal de primera persona. He aquí un primer esbozo teórico:

Se considera Yoísmo al esquema básico que siguen el 99% de las conversaciones que mantiene el ser humano primitivo. Un ejemplo ilustrativo del mencionado esquema sería una hipotética conversación como la siguiente:

Interlocutor 1: Inicia la conversación con una anécdota personal, un problema propio o un sentimiento en primera persona. Su intervención está vinculada a la primera persona, es decir, los hechos que relata, de alguna manera u otra, están relacionados o protagonizados por él mismo.

Interlocutor 2: Inicia su turno de habla sin desviarse del tema introducido por el interlocutor 1, pero focaliza esta vez sobre él mismo, es decir, no comenta prácticamente nada de la anécdota, el problema o sentimiento de su interlocutor, sino que los utiliza de referente para iniciar una nueva anécdota, problema o sentimiento vinculados a él mismo.

Interlocutor 1: Retoma su turno de habla con la continuación de su primera intervención, es decir, continúa hablando de su anécdota, problema o sentimiento como si el interlocutor 2 no hubiera intervenido.

Interlocutor 2: Retoma su turno de habla con la continuación de su primera intervención, es decir, continúa hablando de su anécdota, problema o sentimiento como si el interlocutor 1 jamás hubiera intervenido.

Y así sucesivamente hasta que se acaba el café.

A continuación les mostraré un fragmento del corpus que ha servido de base para mi investigación, en el que se observa claramente cómo ambos interlocutores siguen el esquema descrito anteriormente y, por lo tanto, a ambos les podemos aplicar la denominación de Yoístas:

Interlocutor 1: Ana, desde que lo dejé con Pedro no levanto cabeza…

Interlocutor 2: No te preocupes, yo desde que lo dejé con Alex hasta que estuve bien del todo pasaron casi tres meses.

Interlocutor 1: …pero es que hoy me ha llamado Pedro y me ha dicho que me echa de menos.

Como se puede observar, el interlocutor 1 expone un sentimiento personal que el interlocutor 2 utiliza de referente para una anécdota propia. En su segunda intervención, el interlocutor 1 continúa su relato como si el interlocutor 2 no hubiera intervenido.

El siguiente ejemplo, totalmente ficticio, supondría una ruptura del esquema expuesto y, por lo tanto, si se sucediera, anularía la teoría a la que nos venimos refiriendo:

Interlocutor 1: Ana, desde que lo dejé con Pedro no levanto cabeza…

Interlocutor 2: Ya, te he notado un poco triste últimamente. ¿Qué te pasa?

Interlocutor 1: Que no quiero volver con él, pero me manda mensajes diciéndome que me echa de menos…

Como se puede observar, el Interlocutor 2 no actúa bajo un esquema yoísta, ya que centra su atención en la intervención de su interlocutor, alejándose a él mismo de la conversación y convirtiéndose, a su vez, en partícipe de lo que le están contando. Cuando esto ocurre, podemos hablar de Lapsus.

Los Lapsus se dan de manera espontánea y casi imperceptible y están motivados por varios factores (cada uno de los cuales podemos considerar en este punto como excepciones a esta teoría):

1. Se produce un lapsus en el interlocutor 2 cuando el interlocutor 1 inicia la conversación con algún tema de carácter sexual (este lapsus dura poco y, en breve, se pasa a copiar el esquema de intervenciones)

2. Se produce un lapsus en el interlocutor 2 cuando el interlocutor 1 inicia la conversación criticando a una tercera persona.

3. Se produce un lapsus en el interlocutor 2 cuando éste está enamorado del interlocutor 1 e intenta seducirlo reprimiendo su naturaleza yoísta.

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